LIBERTAD DE CREACIÓN.
La casa propia es un auténtico desafío para los arquitectos, una declaración de principios sobre lo que significa la arquitectura en nuestra vida.
De esa búsqueda surge LaMercé, que contrasta con las viviendas convencionales al estar construida íntegramente en hormigón visto, vidrio y madera, de líneas rectas y volúmenes puros, una casa exenta de tres pisos más terraza.
La característica principal del lugar eran la altura y las vistas a la ciudad. A partir de ahí la planta principal está diseñada como un espacio único, sin interrupciones visuales que permite ver el largo completo del lote, integrando interior-exterior con terrazas que se expanden al jardín.
Aquí se desarrollan los espacios comunes (estar, comedor, cocina), con una carpintería de vidrio continua de piso a techo que proporciona una conexión visual entre todos los ambientes y el exterior.
El siguiente nivel proporciona intimidad a las áreas privadas (dormitorio en suite, baños, vestidores, gimnasio), con un balcón de doble altura pensado como un estudio, donde la madera es la protagonista, con piso de pinotea recuperada y una biblioteca realizada con tirantes de madera de dos niveles. El detalle el escritorio de pinotea con vista al parque de La Merced.
En el interior, el hormigón se ha mantenido como hilo conductor, uniendo visualmente las distintas partes de la casa, en una amplia gama de materiales, texturas y tonos en la búsqueda de un interior único que sea a la vez visualmente impactante y confortable. Esta idea se complementa con el uso de objetos de diseño (Wassily Chair), algunos muebles antiguos de herencia familiar y obras de artistas locales (Acuarela «Mirando desde mi orilla» de Laura Fontán) que le otorgan calidez a la austera apariencia del hormigón.
Por último, la terraza está dedicada a zonas de descanso con pileta y solarium desde donde poder disfrutar de las mejores puestas de sol.










